Los motores de búsqueda en Google Chrome

En Google Chrome no hay que recurrir a almacenes de motores de búsqueda como Mycroft, porque es muy fácil crearlos sobre la marcha.

Este tipo de miniaplicaciones permite hacer búsquedas en una página determinada, utilizando Google. Es como usar la sintaxis «site», pero de forma más rápida y sencilla.

Lo primero que tenemos que hacer es dirigirnos a la página para la que queremos crear el motor. Esa página tiene que tener una caja de búsqueda, es decir, tiene que tener instalada la posibilidad de buscar en su interior. Podemos probar con la página de Dirae, que es una de las que nos será más útil:


A continuación hacemos una búsqueda cualquiera en la página. Podemos usar cualquier palabra, es solo para que Chrome detecte la sintaxis.

El paso siguiente es ir a la configuración de motores de búsqueda. La encontraremos haciendo clic derecho en la caja de búsqueda del navegador.


Veremos todos los motores que Chrome nos ha ido creando automáticamente y uno de ellos será el que vemos más abajo. Podemos borrar los que queramos, o bien editarlos.


Para cada motor, tenemos la información siguiente:

  • En la primera columna, tenemos el nombre del motor. Chrome lo pone automáticamente, pero lo podemos modificar. No es prioritario hacerlo.
  • En la segunda columna tenemos la palabra clave. No solo la podemos modificar, sino que es deseable que lo hagamos. Lo ideal es tener palabras clave cortas y fáciles de recordar. En este caso, vamos a dejar solo «dirae».
  • En la tercera columna tenemos la sintaxis de búsqueda, es decir, la forma en que Chrome va a buscar cuando recurramos a este motor. Manejando esta sintaxis, podremos crear motores nosotros mismos cuando Chrome no los cree automáticamente.

Ahora ya tenemos el motor con la palabra clave modificada.


Y ahora, ya vamos a buscar, es muy sencillo. Solo tenemos que escribir en la caja de búsqueda del navegador la palabra clave (dirae), un espacio y la palabra que queramos buscar. Más o menos así:


Se puede ver que la palabra clave ha cambiado al color azul después de teclear el espacio. Eso quiere decir que Chrome la ha reconocido.

Y ya solo queda darle a «intro».

También podemos crear motores nosotros mismos utilizando la opción «crear motor de búsqueda» que está al final de la lista en la configuración de motores de búsqueda. Darle el nombre es fácil, la palabra clave también, para la sintaxis solo tenemos que copiar el link de una búsqueda cualquiera que hayamos hecho en una página cualquiera y sustituir la palabra que estábamos buscando por la cadena «%s», tal y como se puede ver en la sintaxis del motor que acabamos de crear para el Dirae.

Por ejemplo, si buscamos «motor» en el Dirae, el vínculo de los resultados de la búsqueda es http://dirae.es/palabras/?q=motor. Si sustituimos «motor» por «%s» obtenemos la sintaxis adecuada, como se puede ver en el ejemplo. Este procedimiento es adecuado para búsquedas avanzadas o sintaxis muy complejas que Chrome no es capaz de tratar solo.

Este procedimiento no es válido para cualquier página, solo para las que tienen un motor de búsqueda interno con una sintaxis apropiada. No obstante, si al buscar vemos en la caja de búsqueda del navegador una URL en la que aparece el término que estamos buscando, por muy complicada que sea, podremos crear un motor identificando este término y sustituyéndolo por «%s»

Por ejemplo, esta URL tan complicada nos permite buscar en el BOE, pero solo legislación consolidada entre los años 2010 y 2012. Con cuidado y buena vista, puedes complicar tu motor todo lo que quieras, solo haciendo búsquedas y manipulando la URL de los resultados:

http://www.boe.es/aeboe/consultas/bases_datos/search.php?coleccion=conso&frases=no&sort_field%5B0%5D=id_rng_peso&sort_order%5B0%5D=asc&sort_field%5B1%5D=fpu&sort_order%5B1%5D=desc&operador%5B0%5D=and&campo%5B0%5D=TIT&dato%5B0%5D=%s&operador%5B1%5D=and&operador%5B1%5D=and&campo%5B1%5D=TIPOLOGIA.ID_TIPOLOGIA&dato%5B1%5D=&operador%5B2%5D=and&campo%5B2%5D=RNG.ID_RNG&dato%5B2%5D=&operador%5B3%5D=and&campo%5B3%5D=FPU&dato%5B3%5D%5B0%5D=2010&dato%5B3%5D%5B1%5D=2012&page_hits=40&OK=Buscar

La cadena «%s» está resaltada para que puedas ver dónde está insertada.

Sintaxis para algunos motores:

Algunas referencias:

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Las citas

Las citas de otro texto que aparecen, como un pelo en la sopa, en el texto que estamos traduciendo son un problema recurrente en las listas de traductores y también un quebradero de cabeza fenomenal, que lleva con demasiada frecuencia a un callejón sin salida.

Estas reflexiones pretenden analizar la función que cumplen los textos insertados dentro de otros, para deducir así una serie de normas de sentido común que nos permitan dominar a estos intrusos.

Se publicaron originariamente en El Trujamán – Revista diaria de traducción los días 28 de julio de 2011 y 12 de agosto de 2011, respectivamente.


Citas (I): la transmisión del conocimiento

El conocimiento científico está estructurado en redes de textos que remiten unos a otros, de modo que cada nueva aportación descansa en las anteriores, ya sea para refutarlas, confirmarlas, completarlas o desarrollarlas. Las sinapsis que van de un texto a otro son las citas y referencias bibliográficas. El traductor, no solo permite que un texto sea comprensible fuera del ámbito de su lengua propia; también suele hacer de barquero cada vez que una de esas sinapsis tiene que traspasar la barrera de la lengua.

(seguir leyendo aquí)


Citas (II): traducir o no traducir

Hay buenas razones que desaconsejan traducir directamente una cita:

  • Que deseemos, por razones positivas, usar una traducción existente concreta: es una traducción canónica o de calidad, ha tenido gran difusión, nos consta que es la edición de referencia que se maneja en español.

(seguir leyendo aquí)

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Cinco razones por las que sigo usando Firefox

Es verdad que últimamente Chrome está pisando muy fuerte: es más rápido y más estable. Además, últimamente también, Firefox está metido en una espiral de actualizaciones aceleradas que plantea bastantes problemas a los usuarios:

  • problemas de estabilidad (las actualizaciones salen a veces con problemas sin resolver)
  • problemas de compatibilidad: las extensiones no siempre pueden seguir el ritmo y nos encontramos con que cada nueva versión se deja en la cuneta unas cuantas.

Chrome tiene algunas ventajas más, como la excelente gestión de los motores de búsqueda, que permite crearlos al vuelo, simplemente utilizando la caja de búsquedas de cualquier sitio web. Además, si Firefox era el campeón de las extensiones, Chrome está evolucionando tan deprisa y aumentando tanto su fondo de extensiones que están ya muy igualados en este terreno.

Sin embargo, a pesar de que ya utilizo Chrome para buscar y navegar, y estoy muy contenta de hacerlo, sigue habiendo cosas que solo puedo hacer en Firefox.

  • Zotero: este gestor de referencias y de marcadores al mismo tiempo existe en beta “standalone” desde hace un tiempo, conectada con Chrome a través de un capturador. Sin embargo, el capturador no funciona demasiado bien y los traductores (las aplicaciones que interpretan el formato de una página y extraen los datos, por ejemplo, identificando en una página de Amazon el título, el autor y los datos editoriales de un libro) no funcionan nada bien. En cambio, en Firefox, Zotero funciona como una bala.
  • ScrapBook: esta extensión para Firefox captura páginas web y las organiza en carpetas para su consulta fuera de línea. También es capaz de exportarlas como un árbol html. Es la extensión de referencia para crear recopilaciones de páginas web, o incluso para descargárselas por completo. Además, permite subrayar y anotar los archivos. Como es mi aplicación de referencia para archivar la documentación relativa a una traducción determinada, he probado hasta ahora cuatro aplicaciones similares para Chrome (algunas de ellas alegan incluso estar inspiradas en “ScrapBook para Firefox”), pero ninguna le llega ni a la suela del zapato.
  • GrabMyBooks: Este programa está pensado para crear documentos ePub a partir de páginas web. Permite grabar vínculos, páginas o selecciones y crear con todos ellos un libro para exportar al lector de libros electrónicos o al móvil. Además, es posible anotar, editar, modificar los metadatos… Chrome no cuenta con nada ni siquiera parecido (solo tiene dotEpub, que no es capaz de combinar diferentes páginas). En un segundo es posible enviar al lector un puñado de artículos interesantes demasiado densos como para leer en pantalla. Además, funciona imagemucho mejor que la opción equivalente de Instapaper.
  • Las colecciones de complementos: permiten sincronizar muy fácilmente las extensiones de dos ordenadores y recopilar con mucha eficacia paquetes de extensiones. Además, podemos suscribirnos a recopilaciones útiles creadas por otras personas.image
  • La extensión para Delicious: en Firefox tiene una particularidad única y es el panel lateral que permite hacer búsquedas al vuelo en tu colección de marcadores, tanto entre las etiquetas como entre los títulos y las notas.
  • En no más de un par de segundos podemos localizar un recurso concreto entr
    e los marcadores de nuestra cuenta Delicious aunque sean, como en mi caso, cerca de dos mil y sin necesidad de sincronizarlos con los favoritos del navegador.  Las distintas extensiones de Delicious para Chrome son realmente la mínima expresión y no permiten acceder a los marcadores directamente, solo crearlos.

Es innegable que Chrome tiene extensiones exclusivas e igualmente útiles, pero todo lo que cito más arriba, en mi conocimiento, solo se puede hacer con Firefox. También es probable que este artículo quede obsoleto en un par de meses, a la vista de la rapidez con la que está evolucionando Chrome.

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Cómo citar recursos electrónicos

La digitalización masiva de contenidos, que precisamente es más acelerada en los contenidos académicos de la mano del movimiento de acceso libre a la literatura científica, ha modificado la forma de citar las referencias en una bibliografía o en un texto científico.

Los elementos descriptivos que se pueden asociar a un libro son estables y están avalados por siglos de práctica. En cambio, los elementos que describen un recurso electrónico apenas empiezan a asentarse, cuentan con pocos años de uso y además tienen la peculiaridad de ser modificables con relativa facilidad: ninguna web es totalmente estática y solo podemos responder de su estado en el momento de la consulta, pero no antes o después de la misma.

Por lo demás, con los recursos electrónicos la técnica es la misma que para citar cualquier otro tipo de recurso: hay que aportar información suficiente para que la información relacionada con esa referencia pueda ser atribuida de forma inequívoca y con un formato ordenado y uniforme a lo largo de todo el documento.

Con estas salvedades, la información que puede ser necesario incluir en una referencia electrónica es muy similar a la que se asocia a un libro, en la medida en que siempre serán los elementos que permiten identificar los tres conceptos básicos de autoría, título y datos de publicación:

  • El autor puede estar identificado en el propio documento o no. En este último caso, generalmente coincidirá con el editor.
  • El título suele constar en la parte superior de la ventana del navegador. En caso de ser parte de una publicación, habrá dos títulos, como en el caso de la referencias en papel: el de la parte en sí (entre comillas) y el de la publicación (en cursiva).
  • Los datos de la publicación son más difíciles de delimitar que en una edición en papel. No obstante, si se conocen, habrá que añadir el responsable de la edición, lugar y fecha de publicación.

Además, habrá que añadir la dirección electrónica en la que se ha consultado dicho recurso, el tipo de recurso de que se trata ([en línea]) y la fecha de consulta.

Muchas revistas científicas incluyen un DOI (número identificador de objetos digitales) asignado a cada artículo, que vincula directamente al objeto y puede sustituir a la URL.

Hay que tener en cuenta que es muy difícil encontrar unas normas que se adapten a todos los tipos de documentos que se pueden encontrar en internet, dada su enorme variedad, por lo que deberemos recurrir a nuestro sentido común y a nuestro rigor científico, manteniendo en todo caso un formato y un orden de presentación uniformes.

Para paliar estas dificultades, algunas publicaciones electrónicas incluyen la referencia bibliográfica completa bajo el epígrafe «Cómo citar este recurso» incluido al final del documento o en un menú especial de herramientas. En algunos casos, incluso podemos encontrar distintos formatos bibliográficos para elegir. Bastará con copiar y pegar el elegido (con las adaptaciones lingüísticas necesarias, obviamente).

 

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Por otra parte, no debemos olvidar que cuando citamos recursos electrónicos no estamos citando una web, sino un documento determinado alojado en la misma.

Por lo tanto, las referencias de tipo www.unesco.org o www.asetrad.org son adecuadas para una lista de vínculos o para acompañar un texto de carácter informal (una entrada de blog, por ejemplo), pero no para un texto científico o una bibliografía.

Finalmente, estas reflexiones constituyen la base de la citación de recursos electrónicos. No obstante, la realidad puede ser infinitamente más compleja: bases de datos, programas informáticos, mensajes en foros, boletines de noticias… Para profundizar, es conveniente consultar la norma ISO 690-2 o uno de los numerosos manuales que la adaptan o condensan.

 

Algunos ejemplos:

 

Bibliografía:

  • «Cómo citar bibliografía», Aprende a usar tu biblioteca [en línea], Universidad Carlos III de Madrid, «Biblioteca y más», última actualización: 13/04/2009, http://www.uc3m.es/portal/page/portal/biblioteca/aprende_usar/como_citar_bibliografia [consulta: 22 de octubre de 2009].
  • Martínez de Sousa, José, Manual de estilo de la lengua española, Gijón, Trea, 2000, p. 90-97.
  • Estivill, Assumpció y Cristóbal Urbano. Cómo citar recursos electrónicos [en línea]. Versión 1.0. [Barcelona]: Universitat de Barcelona. Facultat de Biblioteconomía y Documentació, 30 mayo 1997. http://www.ub.es/biblio/citae-e.htm [consulta: 22 de octubre de 2009].
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Google

Últimamente se multiplican los artículos sobre la capacidad de Google para hacer frente a los variados, masivos y muy efectivos sistemas de manipulación de las prioridades de su algoritmo, que determina el orden de aparición de las páginas en una búsqueda.

Cuando nos documentamos sobre determinados temas, es altamente probable que, de los 30 primeros resultados, 25 sean enlaces de tipo comercial, la mayor parte de estilo zombi, es decir que simulan contenidos pero no los tienen. La proporción de resultados irrelevantes puede variar según el tema, pero cada vez es más alta. Y no tiene demasiado sentido sumergirse en los fondos abisales que se adivinan después de la primera página.

Por la cuenta que le trae, Google acabará afinando su algoritmo para que los criterios de popularidad en los que se basa el orden de aparición de los resultados no se puedan manipular tan descaradamente con fines económicos, pero popularidad y calidad nunca van a ser una misma cosa.

No queda más remedio que asumirlo: Google no tiene las mismas prioridades que nosotros.

Eso no quiere decir que sea completamente inoperante: desbrozando y afinando siempre es posible llegar muy cerca de lo que necesitamos y, al margen del buscador principal que nos ocupa, es innegable que en su sistema existen otras herramientas (definiciones, imágenes, libros, Google académico) que resuelven problemas concretos de forma muy eficaz.

Google irrumpió dos años antes de que acabara el siglo y los que todavía recordamos los buscadores anteriores y los complicados sistemas de directorios sentimos un agradecimiento infinito hacia esos ojos bizcos de colores que hacían aparecer exactamente lo que buscábamos, como quien saca un conejo de la chistera. No hace tanto tiempo, pero por internet ha pasado una vida entera.

Dicen que avances radicales como el que representó Google acaban convirtiéndose en un freno para el progreso, pues echan raíces tan hondas que son muy difíciles de superar.

Mientras el movimiento de acceso abierto va llevando a internet literatura científica de primera calidad, fuentes primarias de terminología y bases de datos invisibles para los buscadores, mientras las universidades, bibliotecas, organismos y centros de investigación crean portales que ordenan, comentan y clasifican los recursos, nosotros seguimos pensando que lo que no está en Google no existe y que es mejor lanzar una palabra al mar, por si pescamos una merluza en lugar de una bota.

Google sigue siendo una forma rápida de acceder a una masa grande de información indiferenciada, pero cada vez es más probable que esa información no nos sirva para nada.

Si queremos trabajar con fuentes de calidad, acordes con las necesidades y exigencias de la traducción en nuestros días, ya no queda más remedio que combinarlo con otras herramientas. Diseñar una búsqueda documental eficiente y científica es mucho más que teclear palabras dentro de una caja y hacer «clic».

Ha llegado el momento de asumir que hay vida más allá de Google.

 

Artículo publicado inicialmente en “El Trujamán”, revista diaria de traducción del Centro Virtual Cervantes, el 18 de mayo de 2011.

El original se puede leer aquí.

“El Trujamán” se dedica en exclusiva a la traducción, tratando de abarcar todos sus aspectos desde puntos de vista muy variados. Cada día un artículo y un autor diferentes. Para suscribirse en un agregador de contenidos hay que pasar por un servicio como “Five Filters”, porque no tiene hilo RSS independiente.

Por ejemplo: http://fivefilters.org/content-only/makefulltextfeed.php?url=cvc.cervantes.es%2Ftrujaman&max=3

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WolframAlfa, web semántica, idiomas y nuevos buscadores

Estamos acostumbrados a asimilar “buscador” a Google (o a Bing y Yahoo! abriendo mucho el abanico de opciones…), pero hay otros buscadores que abren distintas vías de acceso a internet.

Wolfram|Alfa es uno de ellos. Se autodenomina “el buscador inteligente” y, en cierta forma, lo es. Para entender cómo funciona, debemos tener en cuenta que Google, por mucho que se hable del perfeccionamiento y de los ajustes de su algoritmo de búsqueda, en realidad lo que hace es indizar páginas, buscar en esos índices y ordenar los resultados de acuerdo con criterios que más o menos se basan en la popularidad. Wolfram Alfa parte de un presupuesto diferente: los datos son ordenados y preseleccionados, de forma que, a una pregunta concreta, el buscador pueda ofrecer una respuesta concreta. Es decir, WolframAlfa trabaja principalmente a partir de una base de conocimientos que se asienta en un análisis previo del lenguaje.

Si le preguntamos a Google “¿Dónde nació Saramago? nos localizará páginas web en las que aparezcan las palabras “dónde”, “nació” y “saramago”, como puede verse aquí. En cambio, WolframAlfa trata de reconocer la pregunta a partir de su base de conocimientos y nos presentará el resultado que se puede imagever en la imagen. De la misma forma, para Google, “mañana” solo es una palabra que debe cotejar con sus índices: no es portadora de significado. En cambio, WolframAlfa es capaz de entenderla como un concepto relativo a una fecha determinada.

WolframAlfa tiene una limitación: el análisis semántico subyacente está realizado a partir del inglés y, aunque es capaz de recurrir a un traductor automático para tratar de entender lo que le decimos cuando le preguntamos algo en otro idioma, que obtengamos o no resultados depende de la capacidad del traductor, que a su vez está condicionada por la complejidad de la frase.

Por ejemplo, si nuestra consulta es simplemente “guepardo”, obtendremos este resultado, que incluye datos taxonómicos y biológicos básicos, alguna imagen y, muy importante, la indicación de las fuentes en las que se basa la información. También nos preguntará si nos estamos refiriendo a “cheetah” y, si es necesario, ofrecerá opciones de desambiguación. En cambio, si le planteamos en español una pregunta más compleja, es posible que no pueda darnos ninguna respuesta, porque el traductor automático no le habrá dado un resultado aprovechable.

El abanico de temas que puede tratar es muy amplio: le podemos preguntar cuántas nominaciones al Oscar tuvo o una película determinada, qué intervalo hay entre dos notas musicales o la lista de estados pertenecientes a las Naciones Unidas. Y si simplemente le preguntamos por “100 g de azúcar” nos ofrecerá dos páginas de información nutricional. Su capacidad de cálculo en matemáticas y su manejo de los datos estadísticos son excepcionales (es en realidad el fondo de su negocio, el buscador no es “más” que el escaparate). También puede crearnos un código QR para cualquier página web. clip_image002

Ahora mismo están trabajando en un formato de documento (CDF) que hará interactivos los resultados de la búsqueda, de modo que podremos ir cambiando la perspectiva o los parámetros para obtener distintos resultados y modificar mapas, gráficos e imágenes.

Cuenta con extensiones para los navegadores más usuales y también para el escritorio de Windows, así como con aplicaciones para Android e iOS.

En realidad, lo más interesante de este buscador no consiste en lo que es capaz de hacer, sino en la forma en que nos permite reflexionar sobre la evolución probable de la búsqueda de información en el internet semántico (Web 3.0), y sobre el papel que tendrá el análisis del lenguaje en los nuevos interfaces. También nos lleva a preguntarnos qué futuro espera en internet a los idiomas que no sean objeto de investigación en este campo y cómo se insertarán los traductores automáticos en una realidad con fuerte tendencia al monolingüismo.

 

Lecturas complementarias

Mayra Villar, “8 preguntas sobre la web semántica”, Blog EVO I.T., 16 de agosto de 2011. Fecha de consulta: 24/9/2011.

José Manuel Sánchez, “El nuevo formato de fichero de Wolfram Alfa quiere añadir interactividad al conocimiento”, Blog Doculinux, 30/07/2011. Fecha de consulta: 24/9/2011.

Eduardo Albalá Ubiergo, Bienvenida web 3.0 (guía para la internet del 2011), s.d., publicado por www.lulu.com (disponible en formato pdf).

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Agregando contenidos

¿Qué son los agregadores de contenidos?

Es bien conocido el problema que plantea el exceso de contenidos en internet. La dispersión de esa información y la frecuencia de actualización de determinadas fuentes plantean un problema para los usuarios que necesitan consumir información de calidad con frecuencia.

Los agregadores de contenidos, o lectores de flujos RSS, nos permiten suscribirnos a determinadas fuentes y centralizar toda la información en un solo punto. Además, este tipo de herramientas traen la información hasta nosotros en el momento en que se produce, de modo que no tenemos necesidad de comprobar el estado de actualización de una fuente dada. Aquí hay un artículo más detallado que explica qué son y cómo funcionan.

¿Qué agregador de contenidos?

Hay muchas herramientas que nos permiten suscribirnos a flujos RSS, de modo que es fácil dar con la más adecuada a nuestras necesidades.

Podemos partir de las más sencillas, como el propio navegador, o el programa de correo (MS Outlook, por ejemplo). Un segundo nivel está en los agregadores de escritorio, como Feeddemon o Rssowl. Se trata de programas independientes pero, como los anteriores, están atados al ordenador en el que se instalaron.

Los agregadores en línea requieren una conexión constante a internet, pero podemos consultarlos, utilizando el navegador para entrar en nuestra cuenta, desde cualquier ordenador. El más conocido es Google Reader y quizá sea el que dispone de más funciones. Además es probablemente el de mayor contenido social: nos permite compartir nuestras lecturas y suscribirnos a los hilos de lecturas de otros usuarios. Por ejemplo, aquí están las lecturas que yo comparto, sobre temas como traducción, documentación, informática para traductores…

No obstante, Google Reader no es el único agregador en línea: también están Netvibes, Bloglines Reader (entre otros) así como las páginas de inicio de muchos servicios, como MyYahoo o iGoogle. También podemos añadir fuentes RSS a nuestro muro de Facebook.

Este conocido vídeo de Commoncraft  resume la información fundamental sobre agregadores y blogs.

También hay herramientas que combinan RSS, Twitter y otras redes sociales, como Cadmus o Friend Binder. E incluso, hay herramientas, como xfruits o Yahoo! Pipes que permiten combinar distintos hilos añadiendo filtros para crear otros nuevos. También hay herramientas que permiten convertir en hilo RSS los cambios que aparecen en una página que no cuenta con su propio RSS.

Vemos, pues, que hay muchas formas de suscribirnos a distintos contenidos y es previsible que aparezcan otras nuevas. En este artículo encontrarás un análisis comparativo más detallado de muchas de ellas.

¿Qué contenidos?

Un traductor puede sacar partido de la lectura periódica de muchos tipos de recursos. Vamos a poner algunos ejemplos:

  • Tenemos uno o dos clientes que trabajan en el sector de la industria alimentaria. Pensamos que podríamos expandirnos en ese sector, pues conocemos bien la terminología y el mercado. En ese caso, puede ser interesante elegir uno o dos blogs o hilos de noticias de actualidad de nuestros clientes (las encontraremos en su página web) y de algunos clientes potenciales, para estar al corriente de las novedades y las oportunidades de negocio y conocer mejor el sector y a nuestros clientes.
  • Trabajamos esporádicamente en el sector financiero, pero nos faltan conocimientos de base. Podríamos suscribirnos a las noticias de economía de algún periódico generalista, o elegir alguno de los periodistas principales de una revista especializada. Por ejemplo, aquí están los blogs de The Economist.
  • El ordenador es nuestra herramienta principal y de ella depende en gran medida nuestra productividad. La informática cambia muy deprisa. No es ninguna tontería seguir algún blog sobre este tema, como Genbeta, OnSoftware
  • Somos traductores, o lo vamos a ser. Muchos traductores comparten sus experiencias en un blog. En algunos se habla de sectores determinados, en otros de prácticas comerciales, en otros de problemas de terminología. La comunidad de los traductores es muy activa y comparte mucha información útil. Aquí tienes una selección de blogs de o para traductores.
  • A veces es mejor, en lugar de limitarse a un solo periódico, crearnos nuestro propio medio de prensa, combinando noticias de diferentes procedencias, insistiendo en las secciones que más nos interesen y combinando distintos idiomas.
  • La mejor herramienta de un traductor es sin duda alguna su cultura general. De hecho, es una de las privilegiadas profesiones en las que nunca se deja de estudiar. Podemos leer periódicamente artículos científicos o de divulgación sobre temas médicos, jurídicos, medioambientales, geopolíticos, que nos permitan aumentar nuestra base de conocimientos. Hay revistas y blogs de excelente calidad sobre todos los temas imaginables.
  • Hay otros contenidos interesantes que también permiten suscripciones: una página de FB, bibliografía sobre un tema determinado en un portal de literatura científica, una etiqueta de Delicious, o incluso una búsqueda de Google.
  • También podemos suscribirnos a contenidos en audio y vídeo, incluso para usos profesionales. En ese caso, la herramienta más adecuada es iTunes. Este tipo de contenidos multimedia (obviamente en cualquier idioma) basados en RSS se llaman podcast. Todas las emisoras de radio (BBC, France Culture…) ofrecen este servicio, y también muchos museos, instituciones e incluso universidades que ponen en línea conferencias, clases magistrales… tanto en audio como en vídeo. Próximamente publicaremos una entrada sobre este tipo de servicios.

¿Dónde?

Obviamente en nuestro ordenador, pero también en el teléfono móvil (hay multitud de aplicaciones para todas las plataformas), la tableta… Sin olvidar el lector de libros electrónicos para una lectura más reposada (a veces muy necesaria), utilizando algunas de las herramientas que trasladan páginas web o hilos RSS a los formatos ePub o Mobi (por ejemplo, Calibre).

Y para los podcast, en el coche, en el mp3 mientras salimos a correr, en el equipo de música mientras preparamos la comida…

Resumiendo…

Lo importante es mantenerse informado con el mínimo esfuerzo y la máxima amplitud. Hay herramientas que nos permiten buscar la información que necesitamos allá donde se encuentra, en lugar de esperar que llegue a nosotros por azar. Merece la pena invertir un poco de tiempo en aprender a manejarlas y sacarles todo el partido.

Para profundizar en el tema, algunas lecturas recomendadas y algunas recopilaciones de artículos y herramientas útiles:

– En la bibliografía de la asignatura: https://www.zotero.org/groups/documentacin_aplicada_a_la_traduccin/items/collectionKey/W4ER44K7

– En mi cuenta de delicious: http://www.delicious.com/AliciaMartorell/rss

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