Google

Últimamente se multiplican los artículos sobre la capacidad de Google para hacer frente a los variados, masivos y muy efectivos sistemas de manipulación de las prioridades de su algoritmo, que determina el orden de aparición de las páginas en una búsqueda.

Cuando nos documentamos sobre determinados temas, es altamente probable que, de los 30 primeros resultados, 25 sean enlaces de tipo comercial, la mayor parte de estilo zombi, es decir que simulan contenidos pero no los tienen. La proporción de resultados irrelevantes puede variar según el tema, pero cada vez es más alta. Y no tiene demasiado sentido sumergirse en los fondos abisales que se adivinan después de la primera página.

Por la cuenta que le trae, Google acabará afinando su algoritmo para que los criterios de popularidad en los que se basa el orden de aparición de los resultados no se puedan manipular tan descaradamente con fines económicos, pero popularidad y calidad nunca van a ser una misma cosa.

No queda más remedio que asumirlo: Google no tiene las mismas prioridades que nosotros.

Eso no quiere decir que sea completamente inoperante: desbrozando y afinando siempre es posible llegar muy cerca de lo que necesitamos y, al margen del buscador principal que nos ocupa, es innegable que en su sistema existen otras herramientas (definiciones, imágenes, libros, Google académico) que resuelven problemas concretos de forma muy eficaz.

Google irrumpió dos años antes de que acabara el siglo y los que todavía recordamos los buscadores anteriores y los complicados sistemas de directorios sentimos un agradecimiento infinito hacia esos ojos bizcos de colores que hacían aparecer exactamente lo que buscábamos, como quien saca un conejo de la chistera. No hace tanto tiempo, pero por internet ha pasado una vida entera.

Dicen que avances radicales como el que representó Google acaban convirtiéndose en un freno para el progreso, pues echan raíces tan hondas que son muy difíciles de superar.

Mientras el movimiento de acceso abierto va llevando a internet literatura científica de primera calidad, fuentes primarias de terminología y bases de datos invisibles para los buscadores, mientras las universidades, bibliotecas, organismos y centros de investigación crean portales que ordenan, comentan y clasifican los recursos, nosotros seguimos pensando que lo que no está en Google no existe y que es mejor lanzar una palabra al mar, por si pescamos una merluza en lugar de una bota.

Google sigue siendo una forma rápida de acceder a una masa grande de información indiferenciada, pero cada vez es más probable que esa información no nos sirva para nada.

Si queremos trabajar con fuentes de calidad, acordes con las necesidades y exigencias de la traducción en nuestros días, ya no queda más remedio que combinarlo con otras herramientas. Diseñar una búsqueda documental eficiente y científica es mucho más que teclear palabras dentro de una caja y hacer «clic».

Ha llegado el momento de asumir que hay vida más allá de Google.

 

Artículo publicado inicialmente en “El Trujamán”, revista diaria de traducción del Centro Virtual Cervantes, el 18 de mayo de 2011.

El original se puede leer aquí.

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4 respuestas a Google

  1. Que Dios me perdone, pero la conclusión a la que llega el artículo de que «Google sigue siendo una forma rápida de acceder a una masa grande de información indiferenciada, pero cada vez es más probable que esa información no nos sirva para nada» se me antoja bastante errónea.

    Todo el que ha conocido Google desde sus inicios sabe dos cosas elementales:

    a) la base de datos original de Google es una base de datos realizada y controlada por personas: dmoz.org. A pesar del algoritmo de indexación automática, la mayoría de las páginas se envían a Google para que las incluyan en el buscador y se evalúen según criterios de valoración que son comprobados por personal de Google.

    b) tiene una serie de delimitadores y de herramientas que permiten afinar una búsqueda mejor y más apliamente que la de cualquier otro buscador no temático o no especializado.

    Si un usuario no sabe utilizar correctamente una herramienta, no creo que sea culpa de la herramienta, si no obtiene los resultados deseados.

  2. aliciamartorell dijo:

    Claro, pero yo hablo de documentación especializada para la traducción especializada, que es a lo que creo que puede aspirar un traductor profesional.

    Si lo que queremos es hacernos una idea general sobre un tema, Google es más que suficiente (y ni me molesto en compararlo con otros buscadores generalistas, que podríamos decir que no existen). Pero si lo que queremos es información científica, Google no siempre es lo más adecuado, y más en los últimos años, comparado con el inmenso corpus de literatura científica que tenemos a nuestra disposición y que difícilmente aparecerá en puestos destacados.

    Por no hablar de todas las páginas de bases de datos a las que un motor externo ni siquiera puede acceder y a las que hay que acercarse por otras vías.

  3. Sí, el tema de las bases de datos especializadas y su valoración y localización en los buscadores de Internet es un tema delicado.

    Pero, la pregunta es…¿sus propietarios o gestores les permiten realmente el acceso a las mismas a Google y a los demás buscadores? ¿O incluso a particulares? A tenor de que el acceso a dichas bases de datos muchas veces, por no decir la gran mayoría, están restringidas a estudiantes universitarios, investigadores científicos y otros titulados o asociados afines, parece ser que no.

    Y, a la vista de las últimas acciones, por denominarlas suavemente, ejercidas por organizaciones, teóricamente «sin ánimo de lucro» (pero, que pagamos entre todos), como la SGAE o la RAE, parece ser que esta va a seguir siendo la tónica general durante mucho, mucho tiempo.

  4. aliciamartorell dijo:

    Infórmate sobre el movimiento de acceso abierto a los resultados de la investigación y verás la masa de material que las universidades y centros de investigación de todos los países están colgando en abierto. Por ejemplo, en España, http://digital.csic.es/. De todas formas esto parece un debate a favor-en contra de google y no es así en absoluto en lo que a mí respecta.

    Google no puede acceder a muchas bases de datos porque un motor no puede entrar como usuario, aunque crearse una cuenta sea gratis, y va almacenando en su caché e indexando las páginas dinámicas de los resultados de búsqueda según van emergiendo, pero eso es apenas un apaño.

    Lo fundamental es que, cuando puede acceder, raras veces las coloca entre los primeros 30 resultados, porque no es su función ni su criterio. Tampoco me parece mal, son necesidades diferentes. Google Académico, por ejemplo, sí lo hace, lo cual demuestra que, si Google generalista no lo hace, es porque no le parece pertinente y que el problema del acceso es secundario.

    Por mi parte lo dejo aquí.

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